Nara, una ciudad tomada por ciervos

Cualquiera que haya viajado a la India, se habrá encontrado con algo común: animales que interrumpen el tráfico y que se niegan a moverse. Ahora si reemplazamos animales por ciervos, obtenemos el nombre de Nara.

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Nara se encuentra al sur de Kioto, a menos de dos horas de Tokio en tren. Es una hermosa ciudad llena de templos, santuarios y ruinas antiguas, y el hogar de uno de los mayores edificios de madera del mundo que alberga una de las estatuas más grandes de Buda. Entre los años 710 y 784, Nara llegó a convertirse incluso en capital de Japón. Hoy en día, esta ciudad de 370.000 habitantes cuenta con aproximadamente 1.200 ciervos que vagan por sus calles.

Según el folclore local, una deidad llamada Takemikazuchi llegó a la antigua capital montando en un ciervo blanco que actuaba como su protector, y como resultado de esta leyenda, durante los últimos 1.300 años, los venados de Nara han sido considerados sagrados y divinos. Matar a uno de estos ciervos sagrada era una ofensa castigada con la muerte hasta 1.637, cuando cesó la ley. Después de la Segunda Guerra Mundial, los ciervos fueron despojados oficialmente de su estatus sagrado/divino y fueron designados como tesoros nacionales.

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Los ciervos se concentran sobre todo en el interior del Parque de Nara, su principal hábitat donde los visitantes y la comida nunca escasean. Algunos de estos ciervos llegan a entrar en restaurantes, pasear con los niños, coger ropa de los turistas y comer de los bolsos de quienes se acercan a ellos. Los ciervos de Nara ya no tienen ningún miedo a convivir con los seres humanos.

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En la máquinas expendedoras de Nara se pueden comprar galletas para la alimentación de los ciervos. Es curioso, que cada vez que se alimenta a uno de ellos, estos parecen como si se inclinasen como modo de agradecimiento.

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Aunque también hay algún punto negativo. Los ciervos están causando la destrucción de la Reserva Forestal Kasugayama, situada en el lado este del parque de Nara, a las afueras de la ciudad. Y es que desnudan las cortezas de los árboles maduros en el bosque y se comen los brotes de los árboles más jóvenes, así como las plantas de bajo crecimiento.

“Japón, así como la ciudad de Nara, reconocen que la mana de ciervos ha crecido demasiado rápido y está teniendo un impacto negativo en la producción agrícola, en las plantas de Nara y en los turistas”, dijo Yoshihiko Kusumi, un empleado en Nara del Departamento de Protección de la Propiedad Cultural, que se ocupa de los monumentos naturales. El gobierno está estudiando el problema pero no se han tomado medidas para resolverlo todavía.

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